Tenía 76 años y una salud que se había vuelto frágil. Fue un actor de sólidas composiciones, con un nutrido recorrido en cine, teatro y TV.
Se fue en su ley, fiel a su vocación y a su oficio. Aldo Barbero trabajó hasta el último tramo de su vida. Sobre el escenario del Cervantes integraba el elenco de ¡Jettatore!
La obra de Gregorio de Laferrère, en la que animaba un personaje que tenía momentos destacados dentro de esa historia de acento costumbrista. Con la ayuda del maquillaje y las ropas de época, para disimular sus malestares físicos -en marzo debió recibir donación de plaquetas-, lo vimos muy bien plantado en todos los pasajes a su cargo. Seguro, matizando adecuadamente las vivencias de su criatura de ficción. Mucho mejor que aquella otra vez en que nos cruzamos en la calle, hace varios años, y advertimos un deterioro físico más allá de su sonrisa y su saludo amistosos. Ayer dijo adiós a los 76 años.
Lo recordamos con esta breve entrevista

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